miércoles, 16 de julio de 2008

La piedra que cambió las cosas

La piedra que cambio las cosasLE GUIN, Úrsula: “La piedra que cambio las cosas”, en Un pescador del mar interior. Minotauro. Barcelona, 1996. pp. 69-82.
Trabajando un día con su cuadrilla en la mole de piedra del Colegio Obling, una nurobl llamada Bu encontró la piedra que cambió las cosas.
Allí donde viven los obls, a lo largo de las orillas del río hay cantos rodados, piedras grandes y pequeñas, guijarros y grava, apilados y esparcidos por kilómetros. Las ciudades de los nurobls están construidas en piedra; cuando quieren darse un festín de carne cazan el conejo de roca. Los nurobls recogen y preparan musgo y líquenes para las comidas ordinarias, y construyen las casas y los colegios y los mantienen pulcros, pues los obls se ponen nerviosos y se sienten infelices cuando las cosas no están en orden.
El corazón de una ciudad obl es el colegio, y el orgullo de todo colegio son las terrazas, que descienden escalonadas hasta el río desde los altos edificios. Las piedras de las terrazas se disponen según el tamaño: los cantos rodados forman los muros exteriores, y más adentro hay hileras de grandes rocas, luego filas de piedras pequeñas, y finalmente terrazas de mosaicos, con guijarros engastados y dibujos en la grava. Los obls pasean y se sientan en las terrazas en los días largos y cálidos, fumando hojas de ta en pipas de esteatita y discutiendo de historia, historia natural, filosofía y metafísica. Mientras las rocas estén dispuestas en orden, según la forma y el tamaño, y las configuraciones se mantengan completas y nítidas, los obls disfrutan de paz mental y pueden pensar con profundidad. Después de conversar en las terrazas, los obls viejos más sabios entran en los colegios y anotan en los Libros de Registro lo mejor de cuanto se ha pensado y dicho ese día; los Libros se guardan cuidadosamente alineados en las bibliotecas de los colegios.Cuando el río desborda al comienzo de la primavera y sube por las terrazas, volcando rocas, llevándose la grava y provocando un gran desorden, los obls permanecen en el interior de los colegios. Allí leen los Libros de Registro, discuten y anotan, planean nuevos dibujos para las terrazas, se dan festines de carne y fuman. Los nurs preparan y sirven los festines y mantienen las habitaciones de los colegios en orden. Tan pronto como pasan las inundaciones, empiezan a clasificar las rocas y a recomponer las terrazas. Se dan prisa, porque el desorden dejado por las inundaciones pone a los obls muy nerviosos, y cuando están nerviosos, golpean y violan a los nurs con más violencia que de costumbre.
Las inundaciones primaverales de aquel año habían irrumpido a través del muro de cantos rodados de la ciudad de Obling, y habían dejado ramas, maderos y otros restos sobre las terrazas, alterando o destruyendo muchos de los dibujos. Las terrazas del Colegio Obling eran notables por el orden perfecto y la belleza compleja de sus diseños de guijarros. Célebres obls habían pasado años diseñando los dibujos y escogiendo las piedras; se dice que un gran diseñador, Aknegni, ayudó con sus propias manos a la perfección de la obra. Si se pierde un solo guijarro de un dibujo, los nurobls pasarán días buscando entre las pilas uno de la misma forma y tamaño. A tal actividad estaba entregada la nurobl llamada Bu y su cuadrilla cuando encontró la piedra que cambió las cosas.
Cuando se necesitan piedras de reemplazo, los nurs de las pilas de piedra hacen a menudo una copia aproximada de esa sección del mosaico para poder así probar guijarros y ver si encajan sin tener que cargar con ellos todo el camino hasta las terrazas interiores. Bu había colocado una piedra en el molde del dibujo original, siguiendo esta costumbre, y la estaba mirando para asegurarse de que el tamaño y la forma eran exactas, cuando le llamó la atención una cualidad de la piedra que nunca antes había advertido: el color. Los guijarros de aquella parte del dibujo eran todos grandes óvalos de un palmo y cuarto de ancho y un palmo y medio de largo. La piedra que Bu acababa de colocar en el molde era un perfecto óvalo «cuarto-medio», y por tanto encajaba exactamente; pero, mientras las otras piedras eran en su mayoría de un gris azulado oscuro con vetas regulares, la nueva era de un vivo azul verdoso moteado de un verde jade más pálido.Por supuesto, Bu sabía que el color de una piedra es una cuestión absolutamente indiferente, una cualidad accidental y trivial que no afecta al verdadero dibujo. Sin embargo, se encontró a sí misma mirando con una peculiar satisfacción aquella piedra verdiazul. En ese momento pensó: «Esta piedra es hermosa». No estaba mirando, como debiera, todo el diseño, sino sólo la piedra, de un color que parecía más intenso por el color más pálido de las otras. Se sentía extrañamente conmovida; se le ocurrían extraños pensamientos. Pensó: «Esta piedra es importante. Tiene significado. Es una palabra». La levantó y la sostuvo mientras estudiaba el molde de prueba.
El dibujo original, sobre la terraza, era llamado el Diseño del Decano, por el decano del Colegio, Festl, quien había diseñado aquella parte de las terrazas. Cuando Bu volvió a poner la piedra verdiazul en el dibujo, el color continuó cautivándola. No pudo encontrar ningún significado en la piedra.
Le llevó la piedra verdiazul al nur-capataz de la pila de piedra y le preguntó si él veía algo que no estuviera bien o que fuera extraño o peculiar. El nur-capataz miró atentamente la piedra, pero al fin abrió mucho los ojos, queriendo decir que no.
Bu llevó la piedra hasta las terrazas interiores y la colocó en el dibujo auténtico. Encajaba en el Diseño del Decano exactamente; la forma y el tamaño eran perfectos. Pero, al retroceder para estudiar el dibujo, Bu pensó que apenas parecía el Diseño del Decano. No era que la nueva piedra cambiara el diseño; sencillamente completaba una configuración que Bu nunca antes había advertido allí: una configuración de color que tenía poca o ninguna relación con la disposición por forma y tamaño del Diseño del Decano. La nueva piedra completaba una espiral de piedras verdiazules dentro del campo de romboides entrelazados de óvalos «cuarto-medio» que formaban el centro del diseño de Festl. La mayoría de las piedras de ese color eran las que Bu había ido colocando en los últimos años; pero la espiral había sido comenzada por algún otro nur, antes que Bu fuera promovida al Diseño del Decano.
Justo entonces, el decano Festl apareció caminando bajo el sol primaveral con la oxidada escopeta al hombro, la pipa en la boca, contento de ver que el desorden de las inundaciones estaba siendo reparado. El Decano era un obl viejo y amable que nunca había violado a Bu, aunque la toqueteaba a menudo. Bu se armó de valor, ocultó los ojos y dijo:

—¡Señor Decano, señoría! ¿Podría el Señor Decano en su sabiduría tener la bondad de explicarme el significado verbal de esta sección del valioso dibujo que acabo de reparar?

El decano Festl se detuvo, quizá un poco disgustado porque lo distraían de sus meditaciones; pero al ver a la joven nur, que se agachaba con modestia y escondía los ojos, la toqueteó con indulgencia y dijo: —Ciertamente. Esta subsección de mi diseño puede ser leída, en el nivel más sencillo, como: «Dispongo las piedras con hermosura», o bien: «Dispongo las piedras en excelente orden». Hay un plano superior, un significado postverbal inmanente, por supuesto, además de los Inefables Arcanos. ¡Pero no necesitas ocupar tu cabecita en esas cosas!


—¿Es posible —preguntó la nur con voz sumisa— encontrar un significado en los colores de las piedras?

El Decano sonrió de nuevo y la toqueteó en varios lugares. —¿Quién sabe lo que pasa por la cabeza de un nur? ¡Color! ¡Significado en el color! Ahora vete, nurblit. Has hecho un trabajo de reparación excelente. Muy cuidado, muy hermoso. —Y siguió con su paseo, exhalando bocanadas de humo y disfrutando del sol primaveral.
Bu volvió a la pila de piedras y siguió escogiendo, pero no se sentía tranquila. Toda aquella noche soñó con la piedra verdiazul. En el sueño la piedra hablaba, y las piedras de alrededor también empezaban a hablar. Al despertar, Bu no recordaba las palabras que las piedras habían dicho.
El sol no se había levantado todavía, pero los nurs sí; y Bu habló con algunos compañeros de madriguera y amigos del trabajo mientras alimentaban y lavaban a sus blits y devoraban unos apresurados desayunos de liquen frito frío.

—Vayamos a las terrazas ahora, antes de que los obls se levanten —propuso Bu—. Quiero enseñarles algo.
Bu tenía muchos amigos, y ocho o nueve nurs la siguieron, algunos cargando con sus blits lactantes o que aún gateaban.
—¿Qué tendrá Bu en la cabeza esta vez? —se decían unos a otros, riendo.
—Ahora, miren —dijo Bu cuando todos estuvieron en la parte de la terraza que había diseñado el decano Festl—. Observen los dibujos. Y observen los colores de las rocas.
—Los colores no significan nada —dijo un nur, y otro añadió—: Los colores no son parte de los dibujos, Bu.
—Pero ¿y si lo fueran? —insistió Bu—. Sólo miren.
Los nurs, acostumbrados al silencio y la obediencia, miraron.
—Vaya —dijo uno después de un rato—. ¡Es asombroso!
—¡Miren! —exclamó Ko, el mejor amigo de Bu—. ¡Esa espiral de azules y verdes que recorre todo el Diseño! Y hay cinco hematitas alrededor de una arenisca amarilla…, como una flor.
—Toda esa sección de basalto marrón… ¿atraviesa el dibujo, no es así? dijo la pequeña Ga.
—Forma otro dibujo. Un dibujo diferente dijo Bu—. Quizá forma un dibujo inmanente de significado inefable.
—Vamos, Bu —dijo Ko—. ¿Es que eres un Profesor o algo parecido?
Los otros rieron, pero Bu estaba demasiado excitada para darse cuenta de que resultaba graciosa.
—No, no lo soy —dijo con vehemencia—, pero miren esa piedra verdiazul, allí, la última de la espiral.
—Serpentina —dijo Ko.
—Sí, lo sé. Pero si el Diseño del Decano significa algo... Él dijo que esa parte significa «Dispongo las piedras con hermosura»... Entonces, ¿no podría la piedra verdiazul ser una palabra diferente? ¿Con un significado diferente?
—¿Qué significado?
—No lo sé. Creí que quizá tú lo sabrías. —Bu miró con esperanza a Un, un nur anciano, lisiado desde la juventud a causa de un desprendimiento de rocas, tan bueno en la conservación de los diseños que los obls le habían permitido seguir con vida. Un miró con atención la piedra verdiazul y la curva de piedras del mismo color, y al fin habló lentamente:

—Quizá dice «El nur coloca piedras».
—¿Qué nur? —preguntó Ko.
—Bu —contestó la pequeña Ga—. Ella colocó la piedra.

Bu y Un abrieron mucho los ojos, perplejos.

—¡Los diseños nunca hablan de los nurs! —dijo Ko.
—Quizá sí los diseños de colores —dijo Bu, muy agitada y parpadeando deprisa.
—«El nur —dijo Ko, siguiendo la curva de verdiazul con los tres ojos—, el nur coloca las piedras hermosamente en ingobernables sinuosidades...» ¡Dios mío! ¿Qué es todo esto? —Continuó leyendo la curva:— «… en ingobernables sinuosidades que pre…» ¿Qué es eso? Oh, «que prefiguran lo visto».
—«La visión» —sugirió Un—. «La visión de…» No conozco la última palabra.
—¡Ven todo eso en los colores de las piedras? —preguntó Ga, maravillada.
—En los dibujos de los colores —respondió Bu—. No son accidentales. Tienen significado. Todo el tiempo hemos estado componiendo dibujos… no sólo los que los obls diseñan y nosotros hacemos, sino otros dibujos… dibujos de nur… con significados nuevos. ¡Miren, mírenlos!

Puesto que estaban acostumbrados al silencio y la obediencia, todos miraron los diseños de las terrazas interiores del Colegio de Obling. Vieron cómo la disposición por forma y tamaño de los guijarros y las piedras más grandes formaba cuadrados, rectángulos, triángulos y dodecaedros regulares, zigzags y diseños rectilíneos de gran belleza y ordenado significado. Y vieron cómo la disposición de las piedras por color había creado otros diseños, menos completos, a menudo apenas esbozados o insinuados: círculos, espirales, óvalos y complejos laberintos y marañas curvilíneas de gran belleza y significado imprevisible. De este modo, un largo lazo de cuarcitas blancas atravesaba la doble línea recta de piedras cuarto-palmo; y la sección romboidal de areniscas medio-palmo parecía ser sólo un elemento en una larga medialuna de pálidos amarillos.
Ambos diseños estaban allí; pero ¿se anulaban mutuamente o eran partes inseparables? Resultaba difícil ver los dos a la vez, pero no imposible.

Después de un largo rato, la pequeña Ga preguntó: —¿Hicimos todo eso sin saber que lo estábamos haciendo?
—Yo siempre me fijo en los colores de las rocas
dijo Un en voz baja, mirando al suelo.
—Y yo también dijo Ko—. Y en el grano y la textura. Yo empecé esa parte sinuosa de las Facetas del Cristal —dijo, señalando una antigua y famosa sección de la terraza, diseñada por el gran Oholothl—. El año pasado, después de la última inundación, cuando perdimos tantas piedras del diseño, ¿recuerdan? Traje un montón de amatistas de las Cavernas de Ubi. ¡Me encanta el púrpura! —El tono de Ko era desafiante.

Bu miró un círculo de turquesas pequeñas y lisas incrustadas en una esquina de una serie de rectángulos entrelazados.

—A mí me gusta el verdiazul —dijo Bu en un susurro—. Me gusta el verdiazul. A él le gustan los rojos. Nosotros vemos los colores de las piedras. Nosotros hacemos el dibujo. Nosotros hacemos el dibujo hermoso.
—¿Crees que debemos decírselo a los Profesores? —preguntó la pequeña Ga, excitada—. Quizá nos darían más comida.
El viejo Un abrió mucho los ojos. —¡Ni una palabra de esto a los Profesores! No les gusta que los diseños cambien, ya lo sabes. Los pone nerviosos. Podrían llegar a castigarnos.
—No tenemos miedo —dijo Bu en un susurro.
—Ellos no lo entenderían -dijo Ko—. Ellos no se fijan en los colores. Ellos no nos escuchan. Y si lo hicieran, pensarían que eran palabras de nur, que no significan nada. ¿No es así? Pero yo voy a volver a las Cavernas a buscar algunas amatistas para terminar esa parte sinuosa —dijo, señalando a las Facetas del Cristal, donde las reparaciones apenas habían comenzado—. Ellos ni siquiera las notarán.

El travieso blit de Ga, hijo del profesor Endl, estaba arrancando los guijarros del Triángulo Superior, y tuvieron que darle una zurra.

—Oh —suspiró Ga—, ¡está hecho un pequeño obl! Ya no sé qué hacer con él.
—Irá a la Escuela el año que viene —dijo Un secamente—. Allí sabrán qué hacer con él.
—¿Y qué haré yo sin él? —dijo Ga.

El sol ya estaba alto en el cielo ahora, y se veía a los Profesores mirando hacia las terrazas desde las ventanas de sus habitaciones. No les gustaría nada ver a nurs holgazaneando, y los blits estaban absolutamente prohibidos entre los muros del colegio. Bu y los otros se apresuraron a regresar a las madrigueras y a los lugares de trabajo.

Ko fue a las Cavernas de Ubi ese mismo día, y Bu lo acompañó; regresaron con sacos de hermosas amatistas y trabajaron varios días completando la parte sinuosa, que ellos llamaban las Olas Púrpura, de las Facetas del Cristal. Ko trabajaba con alegría y cantaba y bromeaba, y por la noche Bu y él hacían el amor. Pero Bu seguía inquieta. Continuaba estudiando los diseños de color de las terrazas, y encontraba más y más de ellos, y más y más significados e ideas.

—¿Todos hablan de los nurs? —preguntó el viejo Un. La artritis lo mantenía alejado de las terrazas, pero Bu lo ponía al corriente de sus descubrimientos a diario.
—No dijo Bu—, la mayoría hablan de obls y nurs. Y de blits también. Pero los hicieron los nurs. Así que son diferentes. Los diseños de los obls en realidad no hablan nunca de los nurs. Sólo de los obls y de lo que los obls piensan. Pero cuando empiezas a leer los colores, ¡dicen cosas tan interesantes!

Bu estaba tan agitada y era tan persuasiva que otros nurs de Obling empezaron a estudiar los diseños de color, aprendieron a leer sus significados. La práctica se extendió a otras madrigueras, y pronto a otras ciudades. Antes de que pasara mucho tiempo, y a todo lo largo del río, otros nurs descubrían en sus terrazas extraños diseños de piedras de colores, y sorprendentes mensajes relativos a obls, nurs y blits.
Sin embargo hubo muchos nurs que se negaron firmemente a ver diseños en el color o a admitir que el color de una piedra pudiera tener significado. —Los obls confían en que nosotros no cambiemos las cosas decían estos nurs—. Nosotros somos sus nurobls. Ellos nos necesitan para cuidar de los diseños, para tranquilizar a los blits y mantener el orden. De este modo ellos pueden dedicarse al trabajo importante. Si empezamos a inventar nuevos significados, a cambiar las cosas, a alterar los dibujos, ¿a dónde iremos a parar? Eso no es justo para los obls.
Pero Bu no prestaba oídos a estas cosas; sólo pensaba en lo que había encontrado. Ya no volvió a escuchar en silencio, sino que habló. Recorría las casas de trabajo y hablaba. Y una noche, armándose de valor y llevando al cuello, sujeta por un cordón, una turquesa perfecta, que ella llamaba la piedra de sí misma, subió a las terrazas. Pasó entre los sorprendidos Profesores y llegó al Mosaico del Rectorado, donde Astl la Rectora, una maestra venerable, se paseaba en solitaria meditación con el antiquísimo rifle colgado a la espalda y envuelta en las espirales de humo que salían lentamente de la pipa. Ni siquiera un Profesor Titular se hubiera atrevido a interrumpir a la Rectora en un momento tan sagrado. Pero Bu fue directamente hacia ella, se inclinó, se cubrió los ojos, y con voz trémula pero clara dijo: —iSeñora Rectora, señoría! ¿Podría la Señora Rectora en su bondad responder a una pregunta?
A la Rectora le desagradó y le encolerizó sobremanera aquel comportamiento escandaloso. Se volvió al Profesor más cercano y dijo: —Esta nur está loca. Llévesela de aquí, por favor.
Condenaron a Bu a diez días de cárcel y a ser violada por los Estudiantes cuando tuvieran ganas, y luego la enviaron a las canteras de losas durante cien días.
Cuando regresó a la madriguera, estaba embarazada de una de las violaciones y muy delgada por el trabajo en las canteras, pero todavía llevaba la turquesa. Los compañeros de madriguera y los amigos del trabajo la recibieron con canciones que habían compuesto con los significados de los dibujos de color de las terrazas. Ko la consoló con tierno afecto esa noche, y le dijo que el blit de ella sería el blit de él y el nido de ella sería también el nido de él.
No muchos días después, Bu entró en el colegio (por las cocinas) y se dirigió (con ayuda de los nurs-sirvientes) a la habitación privada del Canónigo.
El Canónigo del Colegio de Obling era un obl muy anciano, célebre por sus conocimientos de lingüística metafísica. Se despertaba despacio por las mañanas. Esa mañana se despertó despacio y miró con cierta perplejidad a la nur-sirviente que había venido a descorrer las cortinas y a servirle el desayuno. No parecía la misma de siempre. El Canónigo casi hizo ademán de buscar el rifle, pero estaba demasiado soñoliento.

—Hola —dijo entonces—. Eres nueva, ¿no es cierto?
—Quiero que me conteste a una pregunta —dijo la nur.

El Canónigo se despertó un poco más y miró a la extraña criatura.

—¡Al menos ten la decencia de cubrirte los ojos, nur! —dijo, aunque en realidad no estaba demasiado enfadado. Era tan viejo que ya no estaba seguro de cuáles eran las normas, y los posibles cambios ya no lo alteraban tanto como en otro tiempo.
—Nadie más puede contestarme dijo la nur—. Por favor, contésteme. ¿Sabe usted si una piedra verdiazul en un dibujo puede ser una palabra?
—Oh, sí, desde luego —dijo el Canónigo, despabilándose—. No obstante, el significado verbal del color cayó en desuso hace mucho tiempo. Sólo es de interés para anticuarios, para viejos quisquillosos como yo, ja. Las palabras-color ya no se encuentran ni siquiera en los viejos diseños. Sólo en los Libros de Registro más antiguos.
—¿Qué significa?
El Canónigo se preguntó si no estaría soñando: ¡discutiendo de lingüística histórica con una nur antes del almuerzo! Aunque era un sueño divertido.
—El matiz verdiazul, como esa piedra que llevas al cuello, se empleaba como forma adjetiva dentro de un dibujo, y podía significar una cualidad de volición sin límites. Como nombre, el color habría significado, ¿cómo lo diría?, una ausencia de coerción, una falta de control, un estado de autodeterminación.
—Libertad dijo la nur—. ¿Significa libertad?
—No, querida -dijo el Canónigo—. Lo significó. Pero no ahora.
—¿Por qué?
—Porque la palabra es obsoleta —respondió el Canónigo, empezando a cansarse de ese inexplicable diálogo—. Ahora, sé una nur buena y dile a mi sirvienta que me traiga el desayuno.
—Mire por la ventana -dijo la nur, con la mirada extraviada y con tanta vehemencia que el Canónigo se alarmó…—. ¡Mire por la ventana las terrazas! ¡Mire los colores de las piedras! ¡Mire los diseños que los nurs, el significado de lo que hemos escrito! ¡Mire la libertad! ¡Oh, por favor, mire!

Y con esta súplica final, la increíble aparición se desvaneció. El Canónigo se quedó mirando la puerta de la habitación, que se abrió al momento. La nur-sirviente de siempre entró con la bandeja de té de musgo y el humeante liquen ahumado.

—¡Buenos días, Señor Canónigo, señoría! dijo ella con animación—. ¿Ya despierto? ¡Hace una hermosa mañana! —Y después de dejar la bandeja junto a la cama, descorrió las cortinas.
—¿Ha estado aquí hace un momento una joven nur? —preguntó el Canónigo, muy nervioso.
—Ciertamente no, señor. Al menos, no que yo sepa —dijo la nur-sirviente.
¿Lo había imaginado o la nur lo había mirado un momento directamente, deliberadamente? ¿ Había tenido la audacia de mirarlo? Eso no era posible.
—Las terrazas están preciosas esta mañana —continuó ella—. Su Canonidad debería echar un vistazo.
—Fuera de aquí, fuera —gruñó el Canónigo, y la nur se cubrió los ojos y salió haciendo una reverencia afectada.

El Canónigo tomó el desayuno en la cama y después se levantó. Fue hasta la ventana para mirar las terrazas del colegio a la luz de la mañana.
Por un momento, pensó que estaba soñando de nuevo, porque vio dibujos enteramente diferentes a aquellos que había visto durante toda su larga vida en esas terrazas, significados inimaginables, una asombrosa novedad de sentido y belleza... y entonces abrió los ojos de par en par y parpadeó; y ya no estaba. El orden familiar y verdadero de las terrazas se revelaba claro y regular a la luz matinal. Y no había nada más que ver. El Canónigo se partó de la ventana y abrió un libro.
Por eso no vio la lara fila de nurobls que salían de sus madrigueras y sus lugares de trabajo bajo los muros de cantos rodados, y se acercaban cargando a su blits y bailando, bailando y cantando en las terrazas. Escuchó los cantos como un ruido sin significado. Sólo cuando la primera piedra voló a través de la ventana se decidió a levantar la cabeza y gritó agitado: —¿Qué significa esto?